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Casa FOA es el medio, la Fundación es el fin

Entrevista Enrique Segundo Malbran

Introdujo el láser y la microcirugía en la Argentina; recorrió el mundo trabajando junto a prestigiosos oftalmólogos  para el tratamiento de enfermedades oculares; fue el primer médico de Latinoamérica en obtener la Jackson Lecture, una de las mayores distinciones de la Academia Norteamericana de Oftalmología; fue nombrado académico; recibió la distinción World Corneal Congress Medal, otorgada por The Corneal Society por sus contribuciones innovadoras en el trasplante de córnea y lentes intraoculares, así también por su liderazgo y actividad docente.

Se especializó en diversidad de temas relacionados a la cirugía como estrabismo, catarata, córnea, tumores intraoculares y cirugía de retina; dejando en todas ellas su impronta debido a sus novedosos aportes en el área quirúrgica y en la interpretación de las distintas patologías. Junto a su padre, Jorge Malbran, crearon una de las fundaciones más antiguas del país en términos de medicina. Su progenitor fue una gran influencia en su carrera y quien inició las cuatro generaciones de Malbran en el campo de la oftalmología.

¿Cómo surge la conciencia solidaria que tiene la fundación?

Pertenece a una escuela donde siempre se trató de transmitir conocimiento. La docencia es la forma más importante de ayudar. La Fundación comenzó en el año 64 y estaba sostenida en dos pilares: la docencia con nivel de posgrado y la investigación. Más adelante se agregó otro, un programa de ayuda a la comunidad, pero desde antes ya desarrollábamos acciones solidarias, como operaciones a personas de bajos recursos que las necesitaban.

Enrique Segundo Malbran

¿De qué se trata ese programa?

En el 89 se creó por iniciativa de mis hijos, Enrique, Mercedes y Francisco, el PAC: Programa de Ayuda a la Comunidad “Para verte mejor Argentina”, con campañas de educación oftalmológica en sitios apartados de las grandes ciudades. Este programa consiste en concientizar a la gente sobre la importancia de hacerse ver los ojos. Cada uno tiene que velar por su salud y realizar de vez en cuando un chequeo con un especialista, aunque se sientan bien. La oftalmología se ocupa de estudiar las enfermedades oculares que llevan a distintas formas de incapacidad, hasta casos extremos en los que se llega a la ceguera. Estuvimos en lugares de poco acceso o fronterizos, de muchas provincias como Salta, Formosa, Río Negro y Tucumán. Nos costaba dejar nuestra rutina y actividades para llevar a cabo cada campaña, pero una vez que estábamos ahí, nos costaba volver. Es muy emocionante lo que se siente. Me llaman la atención dos aspectos de estas experiencias: la situación en la que viven esas comunidades y la fuerte conexión que se genera entre estas personas y el grupo de profesionales que realizamos las actividades.

¿Cuáles fueron los logros que tuvo la Fundación Oftalmológica Argentina en estos años?

Un importante aporte fue la introducción y el desarrollo de la microcirugía oftalmológica televisada del país. Otro que puedo mencionar, es establecer en el calendario oftalmológico nacional el Curso Anual de la Fundación, uno de los eventos oftalmológicos más importantes de Argentina. Los cursos eran generalmente monotemáticos y participaban los miembros de la Fundación y personalidades invitadas, tanto locales como del extranjero.

También le dedican mucho espacio a las investigaciones

El primer laboratorio especializado de Patología Ocular se crea junto a la Fundación en el 64. Las investigaciones que se realizan tienen distintas variantes, como la investigación clínica, donde se estudia el porqué, la frecuencia, y el tratamiento a aplicar cuando aparecen las enfermedades oculares.  

Otra es la investigación aplicada, que se desarrolla en el laboratorio de Patología Ocular.

¿Cómo surgió Casa FOA?

Nuestra Fundación es una de las más viejas del país en términos de medicina, han pasado ya 54 años que estamos presentes. Al principio funcionaba con aportes privados, pero por distintos cambios de la economía, fue necesario buscar otras fuentes de financiamiento. Intentamos buscar recursos a través de conciertos, eventos solidarios, comidas, pero no se alcanzaba al objetivo, hasta que surgió Casa FOA en 1985. La primera exposición fue organizada por iniciativa de mi hermana Mercedes, mi mujer y un grupo de voluntarias en un Petit Hotel de la calle Quintana. Para la ocasión, reunieron 36 decoradores y desde ahí empiezan a correr los 34 años que tenemos hoy, en los que también se fueron sumando arquitectos, diseñadores y paisajistas. Ninguna idea es original del todo, porque suele tomar como referencia a una anterior. En este caso se inspiraron en una organización que recaudaban fondos para gente incapacitada en Estados Unidos, en la cual profesionales independientes se dedicaban a refaccionar y decorar distintas casas.

¿Qué es Casa FOA y cuál es su objetivo?

Casa FOA es una marca nacional, de prestigio internacional. Creció demasiado por la exposición que tiene en los medios. Mucha gente no entiende la conexión entre las actividades de la Fundación Oftalmológica Argentina y Casa FOA. Nuestro propósito es que profesionales, aficionados y familias puedan compartir un momento lindo, viendo las últimas tendencias del diseño y arquitectura de nuestro país, pero sobre todo obtener fondos para las acciones de la Fundación, porque Casa FOA es el medio, pero la Fundación es el fin.

¿En qué contribuyó a la arquitectura y al diseño?

Fuimos el trampolín para que todo este sector se desarrolle, gran cantidad de profesionales pasaron por nuestras puertas y se formaron con nosotros; hoy hay carreras de grado, pero cuando comenzó Casa FOA no. Decenas de personas recibidas lo toman como un posgrado y jóvenes que empiezan la carrera, quieren participar de alguna manera en este espacio. También muchas marcas aprovechan este evento anual para lanzar sus productos y luego varias entidades se inspiraron en nuestro modelo. En cuanto al crecimiento, creo que nosotros tenemos una parte chica, los profesionales del diseño a distinta escala son los que nos permitieron llegar a donde estamos hoy. Pasamos por crisis económicas, como la del 2001, pero con el gran equipo que contamos salimos adelante.

¿Cómo es trabajar con la familia?

Ya somos cuatro generaciones de Malbran que nos dedicamos a la oftalmología, tuve la experiencia de haber trabajado con mi padre, con mis hijos y mi nieto. Estas vivencias estuvieron también marcadas por el avance tecnológico y las economías regionales, que han cambiado y no necesariamente para bien. Me fui adecuando a las distintas circunstancias, momentos y escenarios. Estudié medicina y me especialicé en oftalmología, no por un mandato familiar sino porque me interesaba. Mi papá era director del Hospital Lagleyze y mis primeros pasos en el campo laboral fueron allí. Me fui conectando hasta que abrí una clínica privada y hoy estamos acá, junto a mis hijos y mis nietos que eligieron el mismo camino. No puedo evitar emocionarme cuando evoco a mi padre. Valoro de él la generosidad que tenía para enseñar y el método que utilizaba. Te despertaba la inquietud para que vos encuentres la manera de llegar al objetivo. También aprendí de él, el respeto a la familia y a la verdad; la búsqueda de la verdad es la investigación, el por qué sucede algo. Valores que también intenté transmitirle a mis hijos.

 ¿Qué esperas de la edición 2018?

Continuamos saliendo del centro de la Ciudad de Buenos Aires para mirarla desde otro lugar. Apostamos a la descentralización. Estuvimos en el sur, en el norte de la capital federal y ahora nos vamos al oeste, a Villa Devoto. El sitio elegido es espectacular, el ex convento de las monjas de la Misericordia, una edificación de principios del siglo XX, al que se le va a realizar una puesta en valor. Junto a la muestra de este año, se van a ofrecer recorridos culturales y gastronómicos por el barrio. Como siempre va a estar a la altura de lo que anhelamos.

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